[google083ebf376563d5ac.html] Modelar en la Empresa - Modelling in Business con DBM: junio 2010

9/6/10

Capital Experiencial - seducción o experimentación


Edward T Hall, antropólogo estadounidense fue el responsable principal del estudio y comprensión de la noción del “espacio personal” en la comunicación y organización de las ideas. De forma muy original,  plantea el desarrollo cultural como una función de la creación y gestión de lo que él llama “extensiones”. La mayoría de los artefactos, por no decir todos, pueden entenderse como extensiones de alguna función del cuerpo o entorno natural. Los ejemplos abundan: la ropa es una extensión de la piel y el pelo, los vehículos extensiones de las piernas, las gafas de los ojos, los ordenadores del cerebro, las sillas de la postura de descanso en cuclillas, las casas de las cuevas etc.

Inicialmente funcionales, estas extensiones van adquiriendo con el paso de los siglos dimensiones estéticas y de estatus y una independencia aparente de sus autores iniciales - las personas. Hall habla de un fenómeno que se produce en este proceso de la “separación” de las extensiones de sus autores como la “transferencia de extensiones” (extensión transfer). En la “extension transfer” la extensión en cuestión sustituye al proceso inicial. Esto se ve por ejemplo en el uso de los cuchillos, y otras herramientas cortantes como extensiones de los dientes y uñas. Tenemos todo un abanico de estructuras que pueden cumplir con la función de cortar (desde los bisturís hasta los láser pasando por la ya muy familiar función de cortar y pegar del P.C.). Incluso el propio concepto de “cortar” se va desarrollando a medida que va habiendo nuevas maneras de realizar dicha operación.


De acuerdo con este planteamiento, una manera de entender el dinero es como extensión del esfuerzo muscular – o, si se prefiere, del esfuerzo muscular beneficioso para otros. La historia de esta extensión es larga y pasa por un periodo muy extenso en el que el dinero no representaba valor sino que lo presentaba directamente. Luego vino el sistema mixto. La llamada “buena moneda” era moneda hecha de metales preciosos cuyo valor en el mercado equivalía a su valor oficial. Esto contrastaba con la mala moneda cuyo valor oficial era más que el valor de su metal en el mercado. De allí sale la ley de Gresham de que “la mala moneda echa a la buena” (es decir que en una situación donde hay los dos tipos de moneda, las personas tenderán a amontonar la moneda buena y utilizar a la mala para las transacciones. Es relativamente moderno el uso de notas promisorias letras de cambio o pagarés como base de los billetes de curso legal y, con ello la separación del valor de hecho y el valor representado del dinero.